miércoles, 2 de abril de 2008

El Chiquilicuatre, Zapatero y los españoles

Una parte de los españoles han elegido. Para representar a España en Eurovisión, al Chiquilicuatre. Para entregarle el Gobierno de la Nación durante cuatro años, al Zapatero.

“Chiqui-chiqui. Te gusta el chiqui-chiqui”.

No es casualidad que hayan coincidido en el tiempo estos dos sucesos ante el que quedarán perplejos los futuros estudiosos de la historia. No es casual, porque ambos son monstruosidades parejas y simétricas de la misma realidad: la descomposición del sentido político y estético de una parte del pueblo español que se mira en la sala de los espejos, sin poder discernir muy bien cuál es el esperpento y cuál la imagen fiel. Ambas imágenes son síntomas de la misma realidad.

El Chiquilicuatre y Zapatero. Zafio y chabacano el uno, vacuo, inane y traidor el otro. Basta recordar (un caso entre cientos) las declaraciones de Zapatero previas a las elecciones en las que afirmaba que le parecía muy bien al pollo que se multe a quienes usen el idioma español en una parte de España. Ja ja ja. Es un caso de paranoia para quienes lo votaron conociendo esto como lo conoce quien quiere. Estos pobres españoles narcotizados por la demagogia y el partidismo se entregan y nos entregan a quienes les prometen sancionarles y multarles por hablar en su propio idioma.
Se podría decir que El Chiquilicuatre y Zapatero, o Zapatero y el Chiquilicuatre o el Chiquilicuatre Zapatero son manifestaciones de la misma naturaleza dual, como la ondulatoria corpuscular de la luz .
¿Por qué quienes lo votaron no pueden ver la monstruosidad de estos engendros? Porque viven en Matrix, Narcotizados por la propaganda y el partidismo.
Pero no sólo ellos, sino todos nosotros nos hallamos sometidos a la omnímoda propaganda de casi todos los partidos y medios de comunicación. Tanto es así, que hace olvidar a la mayoría de los ciudadanos que se nos tiene secuestrada la libertad política cuando nos impiden elegir a nuestro presidente del Gobierno y a nuestros representantes o diputados en el Parlamento, obligándonos a refrendar unas ridículas listas que ellos mismos han urdido para cubrir y encubrir esta perversa oligarquía partitocrática.

Estamos hartos ya de demagogos y falsarios. Queremos diputados que representen a los ciudadanos de un solo distrito, ante los cuales sea responsable de sus votaciones. Y queremos elegir a nuestro Presidente de Gobierno sin intermediarios, aunque sea para elegir al Chiquilicuatre y que Dios nos ayude.

lunes, 24 de septiembre de 2007

La muerte tenía un precio

zETA P nos amenaza con recuperar el proceso de traición en caso de que gane las próximas elecciones generales, entregando a terroristas asesinos enemigos de España cesiones y concesiones sin derecho alguno para ello. A cambio pide tan solo un cierto número de muertes cesantes o vidas de compatriotas. Desde luego, tienen de sobra para pagar, como si este mentecato se las atribuyera ya por derecho. Bien, bien, iluminado zETA P, pongamos por caso que algún listillo acude a su banco y saca de la cuenta que éste lince nos ha abierto a todos, por ejemplo, 1.000 muertes.
--Deme 1.000 muertes.
--Hombre, ¿no será mucho?
--¿es que no tengo saldo? Oiga, démelas ahora mismo o empiezo por usted mismo.
--Bueno, bueno, no se ponga usted así, que no es para tanto. ¿Se las doy en billetes grandes o de uno en uno?
--Póngame un poco de todo... y dese prisa.
--?Las quiere de algún grupo especial? Eso siempre tiene bonus. ?Negros? ¿moros? ?curas? ¿policías? ?políticos? ?periodistas? Aquí estamos para servir al cliente. Fíjese que el otro día vinieron unos separatistas y se llevaron...
--Déjese de cháchara y démelos al portador, que ya yo los iré distribuyendo.
--No se hable más. Aquí tiene. Y que lo disfrute con salud.
Con este capitalito, nuestro listillo se nos presenta en la Moncloa y pregunta al primer socialista que pasa por allí.
--Perdón, ¿podría indicarme por dónde está el negociado de Negociación?
--¿Para un proceso de paz o de guerra?
--Hombreeee, de paz por supuesto, depaz. ¡Qué pregunta más estúpida! Quiero abrir una negociación de paz.
--¿Tiene usted con qué pagar?
--Mil muertes. ¿A qué precio están?
--¡Uy, eso es una fortuna! Oh, sí, por supuesto. Pase, pase, al fondo a la derecha. Pregunte por Rubalcaba o de la Vega. Quizá el mismo zETA P tenga tiempo para atenderle. Creo que ya está terminando con Otegui.
--¡Apártese, mequetrefe! que ya estoy perdiendo tiempo de gobierno de unos territorios a los que les tengo echado el ojo.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Neuronas "progresistas"

Extraordinario artículo de Cristina Losada publicado en Libertad Digital:
Experimento
Neuronas "progresistas"

Al fin, un estudio científico viene a ratificar lo que siempre han dicho Pepiño Blanco y otros intelectuales del progresismo ortodoxo de sí mismos. Que
están más abiertos al cambio y a la innovación que el resto de los mortales. Cierto que el experimento se ha realizado sólo con 43 sujetos y que su autor,
el doctor David Amodio, ha advertido que no deben extrapolarse los resultados, pero el hecho es que, como proclama un reportaje de El Mundo, se han detectado
por vez primera "diferencias neurológicas entre individuos que se definen a sí mismos como conservadores o progresistas". Consisten aquellas en que los
primeros son más reacios a adoptar cambios en su pensamiento y en sus juicios morales, mientras que los segundos son más receptivos al cambio y más capaces
de romper viejos hábitos. El tópico y el lugar común han encontrado un agarre en las neuronas. Pero si pasamos del laboratorio a la realidad comienzan
las dificultades.

Como las nuevas de ese informe llegan en el aniversario de los atentados del 11 de septiembre, viene a cuento recordar que aquella masacre supuso un vuelco
histórico. Apareció en toda su potencia destructora un terrorismo islamista que se había venido incubando ante los brazos cruzados (actitud conservadora)
de las democracias occidentales y especialmente, de Estados Unidos (Clinton, progresista). Surgía un tipo de guerra distinto a todas las anteriores. Aquel
terrorismo se erigía en la principal amenaza para las sociedades abiertas. Y, sin embargo, esos factores nuevos sólo entraron en las neuronas de la izquierda
para ser despachados en los términos rutinarios: Estados Unidos fue declarado culpable. No contentos con mantener ese hábito de pensamiento, los "progresistas"
del mundo se revelaron como fieros defensores del statu quo. Lamentaron que se derrocara a los talibanes que alojaban a las huestes de Ben Laden e hicieron
todo lo posible para que se dejara en paz, con sus genocidios, a Sadam Husein. En suma, hay novedades ante las que los cerebros del progreso se cierran
en banda.

Pero es verdad que hay otros cambios a los que se abren con gusto. Aquí, sin ir más lejos, los mismos que defendían la política antiterrorista del sepultado
Pacto por las Libertades, pasaron a abogar de un día para otro por todo lo contrario. Quienes no aceptaban la negociación política con ETA, la aceptaron;
quienes no querían ceder ante esa banda, quisieron; quienes habían dado calor a las víctimas del terrorismo, las insultaron. Esa innovación penetró en
las neuronas con enorme facilidad. Y no sólo en las de los dirigentes socialistas, de flexibilidad probada, sino también en las de sus seguidores. Y es
que se cumplía la única condición requerida para que en los predios "progresistas" se asuman giros copernicanos: que los promueven "los suyos". Siendo
así, cualquier mutación se digiere y se metaboliza ipso facto. Sin discusión.

Pues, aunque esto no lo ha estudiado el doctor neoyorquino, los cerebros de los que presumen de "progresistas" presentan características singulares que
los inducen a creer en las palabras y no en los hechos, en las intenciones y no en los resultados. Piensan así que todo lo que hace un "progresista" declarado
redunda en el progreso de la humanidad; y si la realidad lo desmiente, simplemente la apartan. Habitan una caverna ideológica muy confortable y no quieren
salir al exterior. Creen incluso que allí disponen del monopolio de la verdad y de la crítica, lo que los incapacita para buscar la primera y para ejercer
la última. Esas taras han hecho de ellos una especie dogmática, sectaria, mudable y, a la vez, conservadora. Sobre todo, naturalmente, de sí misma.

sábado, 7 de julio de 2007

El reino estragado

Cuando los partidos que sustentan el gobierno se dedican a la destrucción sistemática de la Nación colaborando con separatistas terroristas, a la corrupción del sistema judicial, a la imposición despótica, sectaria e inaceptable de sus ridículas y perniciosas manías con leyes inconstitucionales de paridad sexual o adoctrinando a nuestros hijos con sus repugnantes secreciones mentales en su nueva asignatura, el PP, cómplice por omisión, se niega a revertir este diabólico proceso, y todos ellos, cubriendo cada uno su desvergüenza con la de los otros, nos tratan a los ciudadanos como borregos semiidiotas hurtándonos el derecho de elegir a nuestros representantes en el Parlamento y al Presidente del Gobierno, cuando ocurre todo esto, no cabe otra respuesta que la rebelión cívica mediante la denuncia continua de estas tropelías. No podemos entrar en su falso debate de si PSOE o PP, sino exigir ya de manera perentoria e intransigente la verdadera cuestión: la reforma constitucional que establezca la verdadera democracia con representantes de los ciudadanos y no de partidos, la separación de poderes y las elecciones presidenciales. En segundo lugar, habremos de exigir la racionalización del Estado e instituciones públicas en orden al bien público general de la Nación y no de intereses separatistas y de secta, restaurando un sistema educativo nacional, etc. Y por último, exigir de igual modo la proscipción de los enemigos de la Nación. Y se pongan como se pongan, no admitiremos ninguna otra cosa antes que éstas.
Desgraciadamente, parece que nunca se aprende nada...

Alfonso X el Sabio.

Hestoria de España. Primera Crónica General.

Pues este regno tan noble, tan poderoso, tan honrado fue derramado et astragado en una arremesa por desavenencia de los de la tierra que tomaron sus espadas en sí mismos unos contra otros, así como si les minguasen enemigos.



- Las Partidas. (II. V. XXI) (1260)

jueves, 28 de junio de 2007

La farsa

Lo que quizá distinga nuestra época de manera más cabal es el hecho de que se actúa y se habla como si se hicieran y se pretendieran cosas de las de antes. Pero, en realidad, ni se hacen ni se pretenden las cosas de que se presume.
Es una gran obra de teatro falsaria de principio a fin: todo tiene un aspecto más o menos razonable, todo parece estar en orden, pero se escarba un poco y todo está al revés: personas, actitudes, sentimientos, ilusiones... Quizá sería mejor aceptar de una vez que no queremos las cosas de que presumimos. Al menos no camparía a sus anchas la inautenticidad.

jueves, 26 de abril de 2007

Estatuto de Cataluña: el traidor Zapatero tira los dados

No ya con la aprobación, sino solo con la tramitación en el Congreso del Estatuto de Cataluña los diputados responsables han dado un golpe de estado. El hecho de que lo estén haciendo sin aparente violencia física, por partes y envuelto en la cínica y narcotizante verborrea falsaria de "tranquilos, tranquilos, que aquí no pasa nada", no atenúa un ápice la verdad del hecho. Es lo mismo que hicieron con el del PNV, ETA e Izquierda Unida (Plan Ibarreche), pero en esta ocasión con el mal propósito de llevarlo a cabo.
Cuando un poder público, un poder del Estado, se apropia ilegítimamente -por la fuerza, en este caso, de los hechos consumados- de todo él, entonces tenemos un golpe de estado. De este Estatuto resulta la destrucción de la soberanía nacional, de la cual ellos, los diputados, solo son delegados depositarios de ella para expresarla. Debería resultar evidente hasta para los más refractarios que únicamente esta soberanía nacional, si cupiese (que no estoy yo muy seguro), es la que podría autodestruirse a sí misma; pero nunca unos individuos, delegados por ella para otra cosa bien distinta. Cuando los diputados toman por sí esta acción, se están apropiando indebida, fraudulenta, ilegítimamente de ella. Como este poder público, una parte del Parlamento, se alza en rebeldía y toma por sí la soberanía nacional y con ella todo el poder público del Estado para destruirla, la acción no tiene otro nombre que el de golpe de estado, el crimen, el de lesa patria y sus autores, el de criminales.
Llegado el punto sin retorno de quiebra de la Constitución en que legalmente no sea posible revertir el despojo, esta canalla no dejará más que dos caminos viables: el uso de la fuerza violenta que restaure la unidad nacional, o la resignación a la desaparición de nuestra nación. La primera daría lugar a una quiebra del Estado con un periodo de ilegitimidad con peligro de dictadura más que probable. La segunda, a un proceso de balcanización en cascada.
A algunos, esto -en la comodidad de sus casas, en la rutina de sus trabajos, en la pulcritud de las oficinas, centros comerciales, transportes públicos que siguen funcionando como si no ocurriera nada- les parecerán delirios febriles de una mente trastornada; y les parecerá inconcebible que pueda pasar nada fuera de la vida rutinaria, sumergidos en un orden público de décadas, sustentado por unas leyes, una policía y un ejército.
Nadie sabe el futuro. Quizá a nadie le importe nada, quizá la Nación, inerte, vaya a la deriva, dócil al capricho de los políticos que en cada parte tomen posesión de ella, y la catástrofe y la ruina solo sean en el orden cultural, económico, histórico, y en términos de la libertad; en tal caso, quizá, los que hayan consentido y propiciado con sus votos esta situación, puedan continuar en la ilusión de Matrix adormecidos por las drogas de propaganda. Pero quizá no. Quizá no ocurra así. Quizá haya a quienes sí les importe el expolio y la muerte de su Nación, y entre ellos haya quienes no se resignen. Todo puede pasar. El traidor Zapatero, sonriente, tira los dados y sus votantes, unos sin saber y otros sin creer lo que está pasando, miran boquiabiertos cómo dan vueltas en el aire.

Y para que las cosas que deben ser recordadas no perezcan con el tiempo y desaparezcan de la memoria de quienes nos sucedan, yo, al ver tantos males y a todo el mundo al alcance del Maligno, como si ya estuviera entre los muertos, yo, que espero a la muerte, he puesto por escrito todas las cosas que he presenciado.

Y para que lo escrito no fenezca con el escritor y la obra desaparezca con el artífice, dejo notas para que se continúe este trabajo, por si algún hombre sobrevive y algún miembro de la raza de Adán escapa a esta pestilencia y retoma el trabajo que he comenzado...

Hermano Odiseo

lunes, 23 de abril de 2007

Spanish Sardana

En España no hay un sistema educativo. Hay, aproximadamente, diecisiete sistemas educativos diferentes. Las competencias en materia educativa fueron cedidas a las comunidades autónomas con extrema ligereza, hace mucho tiempo ya, casi desde el principio. Y con ese derecho malamente adquirido construyeron inmediatamente la herramienta necesaria: la Consejería de Educación, con su centuria perfectamente equipada de trabajadores bien alimentados y excelentemente dispuestos a darlo todo por su respectiva Patria.
Las respectivas comunidades han venido haciendo uso de ese derecho, que se ha ido expandiendo, hinchando hasta la desmesura. Es inconcebible el porcentaje que pueden modificar, por ejemplo, en los contenidos de las diferentes asignaturas. Y siempre apretando, siempre pidiendo, siempre hacia su norte fijo e inmutable. No es de extrañar que, de cuando en cuando, surjan voces alarmadas ante las mil y un tropelías que se están cometiendo continuamente en los diferentes lugares de este Estado-Matrix, probablemente el más atípico del mundo en materia educativa, como en muchas otras cosas.
La idea, hasta ahora intocable, es la siguiente: Es bueno que cada autonomía tenga concedidas las atribuciones en materia educativa, y es bueno que hagan uso de ese derecho para adecuar el sistema general a los contenidos específicos de dicha autonomía, dando expresión a las mil y una peculiaridades, idiosincrasias, singularidades… que pueda tener. Yo niego esa bondad y afirmo que es el germen de inevitables maldades.
Veo a las diecisiete comunidades autónomas bailando una extraña sardana, todas en círculo y mirando hacia fuera, muy pendientes de su baile pero sin prestar la mínima atención a las demás o a la coreografía del conjunto, siempre alejándose del centro… un poco más, un poco más. Y las que se quedan atrás toman como ejemplo a las que van lanzadas. ¡Tonta la última!
La directora de la Biblioteca Nacional de un país de cuyo nombre no quiero acordarme tiene cosas que decir. Ante la pregunta del periodista, responde que no ve ningún problema en que la educación en Cataluña se dé íntegramente en catalán, pues han ganado las elecciones los partidos que defienden la educación en catalán. Me quedo atónito. Esto es un gran engaño. Se me ocurre que si el gobierno de nuestro país, el que elegimos todos los ciudadanos, es de signo contrario, no podrían objetar nada ni ella ni nadie: se podrían suprimir sin más todas las tropelías que estamos presenciando. ¿Lo acataría la señora? ¿Lo acatarían los que no estuvieran de acuerdo? Recuerdo firmísimas declaraciones de desobediencia institucional (uno de los muchos delitos que han dejado de serlo) por parte de varios cargos políticos cuando el anterior gobierno tanteó tímidamente el terreno para la eventual –y finalmente defenestrada– ley educativa que iba a sustituir a la LOGSE.
La misma directora habla del imperio de los Países Catalanes, en un tono de suficiencia y con la cara surcada por una media sonrisa: «Ese imperio existió, guste o no», y se le hincha el espíritu de amor a su tierra. Y mientras tanto, don Ramón ultrajado.
Es todo tan absurdo que lo mejor que puedo hacer es desearos unas ilusionantes elecciones. ¿Esperáis algo bueno de ellas? Me alegro por los que, como yo, sí lo esperan.